Con Sandra Jiménez
11 de JULIO de 2024. Centro Penitenciario de Valdemoro. Madrid III. Hay muchas prisiones en esta vida. La que hoy visito es la que menos se esconde de serlo. Es la más radical, la más extrema. Es particularmente desapacible, es especialmente fría, es la constatación del poder del castigo, ese que raramente recae sobre los hijos de la abundancia y siempre se ceba con los errores de los hijos de la desesperación. Un poder como un rayo divino que sólo parte en dos chabolas de periferia, nunca pisos de lujo del centro de las ciudades donde los malos siempre habitan los suburbios. Yo llego cargada de cachivaches porque yo también vengo de los márgenes, y soy sabedora de cómo transformar la basura en tesoro, el deshecho en posibilidad. Soy sabedora de que nos dieron las migajas ignorando el poder que tenemos de transformar, ese que no te enseñan en los colegios de pago, ese que se aprende a pie de calle cuando los ocasos inundan los barrios donde se tiende la ropa en cuerdas y huele a pucher...