Mirando al espejo



¿Qué veo en el espejo?



Como en los últimos cuatro o cinco días vuelvo a mirarme en el espejo y vuelve a suceder lo mismo, la persona a la que veo sigue sin sostenerme la mirada, quizá sea porque no se vea seguro de sí mismo. Quizás con el paso del tiempo consiga que se abra a mí.  Tengo que darle su tiempo.


Me veo en el espejo y mi otro yo me saluda riéndose y me dice; “Hola viejo amigo, ¡qué bien te veo, para lo mal que podías estar si no es por tu esfuerzo y tu insistencia en llevarlo bien, con la ayuda de todos los que te acompañan en este camino! Y pensabas que sí merecería la pena cuando nos vimos en este espejo la primera vez, te veo y diría que sí elegiste bien, contento. Y sí, un año más mayor, pero también más comprometido con tu trabajo, con la familia. Y tu constancia en seguir adelante. Pues te veo muy bien, sin aditivos ni colorantes y con la mente más centrada y sabiendo lo que quieres, y te felicito por todo, sigue así viejo amigo, que no vas nada mal. ¡!Ánimo!!


Yo cuando me estoy mirando al espejo veo a una persona algo cambiada, me gusta ver lo que ahora veo. Creo que puedo mejorar más en el sentido de vivir la vida y saber estar en los sitios. Cuando estoy mirándome en el espejo también veo cosas que no me gustan de mí, y es algo que quiero cambiar. Otras cosas de mí que veo es la simpatía que a veces tengo y la novia que también tengo a veces. Por todo lo que veo, creo que estoy viéndome bien o mirándome con buenos ojos.


Cuando me miro en el espejo, veo a una persona algo cambiada en todos los aspectos y me gusta lo que ahora veo. Sé que puedo mejorar un poco más. También veo las cosas que no me gustan y es una de las cosas que tengo que cambiar para ser mejor persona.


Veo que ya no soy un chavalito, que parezco otro desde el año pasado que me miré atentamente la última vez. Parezco más viejo, pero más maduro, más serio, más tranquilo. Ya no pienso que estoy perdiendo el tiempo de mi vida, al revés, la estoy organizando. Me veo ya con arrugas, pero esto es ley de vida.


Dos o tres minutos mirándome en el espejo y preguntándome ¿qué ves?...... Y luego lo escribo. Pues bien…. Veo un tío con muchas cosas aprendidas y muchas más por aprender, un tío emprendedor y con muchos valores, con muchos oficios aprendidos y muchas cualidades para absorber buenas energías y rechazar las malas, muchísimas ganas de luchar por la vida y por mí. ¿La verdad?, me podría tirar escribiendo sobre lo que veo en el espejo mucho rato. 


Me veo que tengo ojeras y se me ha caído el pelo y me están saliendo muchas canas, me veo más viejo.
Y ahora, por verme al espejo tengo depresión, porque veo mucho sufrimiento, aunque ahora estoy mejor por estar fuera de las drogas. Y me veo que he sufrido mucho, y lo que me queda por sufrir.


Mi miro al espejo y veo el cambio que he pegado y que no tengo las mismas ideas que antes. He cambiado de corte de pelo. Me veo más alegre y siempre happy, ya me queda poco para irme de aquí.


¡Ay, espejo! La historia que tengo contigo cuando era pequeño… pero no voy a hablar ahora contigo porque no tengo tiempo. Porque cada vez que te miro me dices que soy un día más viejo. 


Lo que veo me gusta, pues me veo a mí y veo el gran cambio que he conseguido dar. Veo a una persona que debería estar en la calle con su trabajo y su familia y reinsertado en la sociedad.
Por otro lado, veo lo que no me gusta de mi espejo, y es todo lo que le rodea, empezando y terminando por el último grano de arena que contiene este edificio.


Me he mirado en el espejo, veo que tengo ganas de vivir y de hacer las cosas como las debo hacer, a pesar de lo que tengo encima. Y veo a una persona orgullosa de luchar como lo ha hecho y lo sigue haciendo, y capaz de conseguir todo lo que se proponga. Por eso seguiré en la lucha y no desistiré, aunque el enemigo sea superior a simple vista.


¡Buenas! Me miro en el espejo y lo que veo me gusta, los cambios de mi vida y la seguridad que tengo. Y tengo que aprovechar esta etapa de mi vida, conseguir mi objetivo de una vida nueva.


Lo primero que veo es una persona que no ha vivido la vida que soñaba de niño, que vive el día a día con alegría y buen humor, pero sus ojos reflejan tristeza. Una persona valiente, pero a su vez con muchos miedos. Que tiene generosidad, pero un escudo impide que lo sea y, sobre todo, que cuantos más años cumple más ganas de vivir tiene. Y mi soledad a la que hago preguntas y siempre me contesta.


Me miro en el espejo, veo el reflejo, un reflejo de derrota, que dejo una vida rota. Una vida que ha cambiado por un error cometido en el pasado. Que me ha dejado marcado y hundido, que me ha obligado a dejar cosas por el camino de la soledad, en una vida que espero que me de otra oportunidad para que el día que vuelva a estar con mi familia, no vuelva a condenarlos a alejarse de mí, sin mis ángeles no puedo vivir. Por ello, cuando me miro al espejo, veo el alma de un hombre que pudo elegir y eligió mal. Pero la vida ha creído conveniente darme este duro golpe para que pueda escarmentar, y de ahora en adelante cuando me mire en el espejo cambie el reflejo y pueda ver un hombre, un padre y una persona de provecho.


A primera vista físicamente, una persona normal. Ahora que me miro más detenidamente, me doy cuenta que estoy envejeciendo, quizás más rápido de lo que percibía.
Tengo los ojos brillantes, suelen decir que los ojos no engañan, y mi mirada no lo hace.
Intento ver más allá, y a través de mis ojos veo que no soy todo lo feliz que desearía, no es mi mejor momento.
También observo que en estos meses mi cara ha empeorado, quizás por las circunstancias, por las preocupaciones y por la incertidumbre.
Mi mirada se alegra pensando en los que me rodean y me han demostrado que están a mi lado pese a todo, también brilla con más fuerza pensando en mis proyectos de futuro.


Una vez más me posiciono y te miro fijamente, apenas sin parpadear. Después de tantos años mirándote y observándote es ahora cuando empiezo a conocerte y te digo una cosa, me gustas. Me transmites buen rollo, puedo ver en tus ojos ilusión, esperanza, esfuerzo, sacrificio. En las laceraciones de tu cara veo errores, tropiezos, lamentaciones, sufrimiento. Pero me adentro en lo más profundo de tu mirar y contemplo ilusión, aprendizaje, fuerza, constancia, y sobre todo, veo un hombre más inteligente que hace unos años. Quiero decirte que pararé más de vez en cuando por este espejo, para aprender y cargar mi autoestima querido amigo. Cada vez que la lucha se me haga pesada, te buscaré, te observaré y me daré cuenta del gran esfuerzo que tú haces cada día.


Pues ahora mismo me veo calvo y feo. No me gusta mirarme porque cada vez veo más defectos, pero también veo que estoy con ganas de cambiar mi vida y poco a poco lo estoy consiguiendo y pensando en cosas buenas. Ya no tengo tantos pajaritos en la cabeza como antes y eso me alegra mucho.









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